La reciente firma del tratado comercial bilateral entre Argentina y Estados Unidos, concretada el jueves 5 de febrero, no solo consolidó un alineamiento geopolítico con Washington, sino que también desnudó las profundas tensiones y asimetrías estructurales inherentes al programa económico del gobierno de Javier Milei. Este acuerdo, rubricado por el canciller Pablo Quirno y el representante comercial estadounidense Jamieson Greer, ha puesto en el centro del debate la viabilidad de un modelo que busca atraer inversiones concentradas en sectores clave para la Patagonia, mientras el resto de la economía enfrenta una competencia importadora creciente.
El Trilema Macroeconómico que Desafía a la Argentina
La primera semana de febrero ha sido un período crítico, revelando que la economía argentina se encuentra atrapada en un trilema prácticamente irresoluble de forma simultánea. Se trata de la difícil coexistencia de tres objetivos fundamentales:
- Acumular reservas internacionales mediante compras activas en el mercado cambiario.
- Retomar una convergencia inflacionaria que aspire a un dígito anual.
- Recuperar el dinamismo de la actividad económica, acompañado de inclusión social y generación de empleo.
Estos objetivos, vitales para la estabilidad y el crecimiento, presentan contradicciones inherentes que se agudizan en un contexto de persistentes restricciones estructurales y la fuerte apertura económica impulsada por el ejecutivo libertario.
Asimetrías Comerciales: Un Pacto que Profundiza Brechas Sectoriales
El tratado bilateral del 5 de febrero exhibe desequilibrios significativos en las concesiones arancelarias, evidenciando una estrategia comercial que favorece a ciertos segmentos de la economía. Argentina se compromete a eliminar gravámenes en 5.600 posiciones, de las cuales un 82% de productos quedarán con tarifa cero, según datos de la Oficina del Representante Comercial estadounidense.
En contraste, Washington reducirá aranceles en apenas 950 líneas, con solo un 36% libres de impuestos. Si bien Estados Unidos suprimirá tarifas para 1.675 productos argentinos, proyectando recuperar exportaciones estimadas en 1.013 millones de dólares, Buenos Aires, por su parte, reducirá o eliminará aranceles en 221 posiciones, principalmente vinculadas a bienes de capital e insumos productivos, lo que beneficiaría más a las industrias exportadoras.
La Concentración de Capital versus la Generación de Empleo: El Desafío Patagónico
La distribución sectorial de los beneficios de este acuerdo subraya una creciente concentración de capital. Los sectores identificados como «ganadores» del modelo económico vigente – agroindustria, minería, hidrocarburos y servicios financieros – explican únicamente el 9,2% de los puestos de trabajo registrados del sector privado. Estos rubros, estratégicos para la economía patagónica, son altamente intensivos en capital y con un bajo impacto en la generación masiva de empleo directo.
Por otro lado, la industria manufacturera, la construcción y el comercio minorista, clasificados como «perdedores», representan aproximadamente el 45% de los empleos formales del país. Estos sectores enfrentan una competencia de importaciones cada vez mayor y una demanda doméstica debilitada, lo que augura un panorama complejo para la estabilidad laboral.
Esta configuración económica genera una tensión política considerable que no solo complica la ratificación del acuerdo, sino que también pone en jaque la promesa de Milei de un crecimiento inclusivo. Para la Patagonia, esto significa que mientras las inversiones en energía (petróleo y gas) y minería pueden ver un impulso, el desafío reside en cómo traducir ese capital en desarrollo regional equitativo y generación de empleo sostenible más allá de los sectores primarios.


