La industria textil argentina se encuentra inmersa en lo que sus protagonistas definen como la “peor crisis” de su historia reciente. Un informe publicado por el diario El País de España detalla un panorama desolador: máquinas paradas, pymes al borde del colapso y la lamentable pérdida de más de 18.000 empleos en un sector clave de la economía nacional.
La brutal transformación, que se ha agudizado en los últimos dos años, es consecuencia directa de la política de apertura de importaciones y el cambio de modelo económico impulsado por el actual gobierno. Fábricas que otrora operaban a pleno rendimiento hoy trabajan por debajo del 30% de su capacidad instalada, una cifra que refleja un derrumbe productivo sin precedentes.

David Kim, gerente de la tejeduría Amesud, una planta de San Martín equipada con tecnología de punta alemana, sintetiza la situación: “Para nosotros esta es la peor crisis que hemos vivido”. Sus instalaciones, diseñadas para producir 700 toneladas mensuales de tela, apenas alcanzan las 150, con un 40% de su plantilla reducida y planes de nuevas suspensiones y jornadas laborales acortadas. El sector del poliéster, por ejemplo, ha desaparecido prácticamente a causa de la competencia de productos importados, principalmente de Asia.
El caso de Amesud no es un hecho aislado. Los datos oficiales citados por El País revelan que la industria manufacturera ha experimentado una caída interanual del 8,2%, siendo el rubro textil el más castigado con una utilización promedio de la capacidad instalada que apenas roza el 29%.

Esta crisis multifactorial se explica por una abrupta apertura comercial, que resultó en un aumento del 71% de las importaciones en 2025, sumado a una drástica caída del consumo interno y un tipo de cambio que encarece la producción local frente a los bienes extranjeros. Priscila Makari, directora de la Fundación ProTejer, ilustra la magnitud del cambio: el mercado pasó de un equilibrio 50% nacional y 50% importado a uno donde el 70% de la ropa proviene del exterior, sin contabilizar el exponencial crecimiento de las compras online a través de plataformas globales.
Mientras los empresarios describen la situación como una “agonía”, la visión del Gobierno es marcadamente diferente. El ministro de Economía, Luis Caputo, defendió recientemente la apertura y criticó duramente al sector: “Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque era un robo. Los que viajamos compramos afuera”, afirmó. Para el titular de la cartera económica, el cierre de empresas y la pérdida de empleos son parte de un proceso “normal” de reacomodamiento del mercado. “Cierran y abren. El problema no es que alguien pierda”, sentenció.


