En un acto cargado de simbolismo y polémica, el presidente Javier Milei encabezó este sábado el traslado del emblemático sable corvo de José de San Martín. La histórica pieza, considerada un invaluable patrimonio nacional, fue restituida desde el Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo, en el marco de la conmemoración del 213° aniversario de la Batalla de San Lorenzo en Santa Fe.
La ceremonia, que tuvo lugar a las 19 en el escenario histórico de la batalla de 1813, vio al mandatario entregar formalmente el sable al cuerpo militar fundado por el propio San Martín. Este gesto, sin embargo, se produjo en medio de una intensa controversia que abarcó esferas políticas, judiciales y culturales, generando un profundo debate sobre la custodia y el significado de los símbolos patrios.
Aval Judicial para el Traslado del Símbolo Patrio
La movida presidencial obtuvo luz verde tras el rechazo de una medida cautelar por parte de la Justicia Federal. Descendientes de Manuela Rosas y Máximo Terrero habían solicitado frenar el traslado, argumentando que la donación original al Estado incluía la obligación de mantener el sable en el Museo Histórico Nacional.
No obstante, la jueza Macarena Marra Giménez, titular del Juzgado Contencioso Administrativo Federal N°12, dictaminó que no existían pruebas de que la donación del sable corvo se hubiera realizado con “cargo” o condición específica respecto a su lugar de guarda. La magistrada descartó, así, cualquier impedimento legal para su reubicación, abriendo la puerta a la decisión del Gobierno.
En su resolución, la jueza también recordó que la célebre arma ya había permanecido durante varias décadas en el cuartel del Regimiento de Granaderos. Recién en 2015, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, fue restituida al Museo Histórico Nacional mediante un decreto, luego de haber sido objeto de robos en la década de 1960, lo que añade otra capa de complejidad a su trayectoria.
Renuncia en el Museo y el Debate Histórico
La decisión del Gobierno de Milei no solo generó repercusiones judiciales, sino que también provocó una crisis institucional. La directora del Museo Histórico Nacional, María Inés Rodríguez Aguilar, presentó su renuncia indeclinable al cargo inmediatamente después de conocerse la orden de traslado del sable.
Rodríguez Aguilar, al fundamentar su dimisión, expresó que este conflicto “no es nuevo en la Argentina”, citando episodios previos como la donación de San Martín a Rosas en 1844 y la intervención de Sarmiento. Sus declaraciones subrayan la naturaleza cíclica de estos debates en la historia argentina, reflejando “los sectarismos extremos de la sociedad” en torno a la interpretación y el destino de los símbolos nacionales más trascendentes.
El traslado del sable corvo, más allá de la ubicación física de una reliquia, se convierte en un punto de convergencia de narrativas históricas, disputas políticas actuales y la constante tensión sobre el legado de los próceres fundacionales, resonando profundamente en el panorama político y cultural de la Argentina y, por extensión, en las sensibilidades de regiones como la Patagonia.


