El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, cuya concreción se prolongó por más de dos décadas, finalmente vio la luz el pasado sábado 17 de enero en Asunción. Este pacto, que une a 31 países y a una población de 780 millones de personas, representa un quinto del PBI mundial y el 14% del comercio global. Para Argentina, la ratificación de este convenio no solo marca un hito histórico, sino que redefine su estrategia de inserción en el comercio internacional, prometiendo un impacto significativo en sectores clave como el energético y minero de la Patagonia.
La culminación de estas extensas negociaciones, a pesar de la inicial resistencia de naciones como Francia, Polonia e Irlanda, fue posible gracias a una mayoría calificada alcanzada en el Consejo de la Unión Europea. Aunque ahora debe superar la ratificación del Parlamento Europeo por mayoría simple, y luego por cada país miembro del Mercosur, el avance es innegable y su trayectoria, aunque compleja, ya no parece tener marcha atrás.

Para Argentina, este acuerdo es de vital importancia dada su actual posición en el comercio global, ocupando el puesto 130 de 136 países en términos de apertura comercial. Con exportaciones e importaciones que apenas representan el 28% de su PBI —muy por debajo del promedio latinoamericano del 64% y de países comparables que rondan el 90%—, el país se encuentra en un punto de partida bajo, lo que maximiza el potencial de beneficios derivados de una mayor integración.
La Unión Europea se consolida como el tercer socio comercial de Argentina, detrás de Brasil y China, aportando el 12% del comercio total. Sin embargo, su peso relativo ha disminuido frente al avance de los mercados asiáticos. Es aquí donde el acuerdo se vuelve crucial, buscando revitalizar y profundizar este vínculo histórico.
Un análisis de Complementariedad Comercial arroja un valor del 55% entre Argentina y la Unión Europea, lo que sugiere una alta compatibilidad entre la oferta exportadora europea y la demanda importadora argentina, así como la potencialidad de los productos argentinos en el mercado europeo. Este índice supera la complementariedad existente con otros socios estratégicos como Estados Unidos y China, lo que subraya la promesa de un intercambio más fluido y provechoso.
El camino por delante implicará desafíos, pero el «rumbo» hacia una mayor apertura y diversificación económica ha sido trazado. La región patagónica, con su vasta riqueza en recursos energéticos y minerales, se perfila como una de las principales beneficiarias de este nuevo escenario, al facilitar la exportación de sus productos primarios y con valor agregado a un mercado exigente y de gran envergadura. El gobierno de Javier Milei, que recientemente lideró la cumbre del Mercosur y traspasó el mando a Brasil, ha apostado por esta dirección, entendiendo que el ritmo de implementación, aunque variable, es secundario frente a la decisión estratégica de integración.


