La **crisis económica** que azota a la **Patagonia** golpea con especial crudeza a las familias de **Comodoro Rivadavia**, dejando historias de profunda vulnerabilidad. Una de ellas es la de **Pablo**, un padre que hoy se encuentra sin trabajo y sin ingresos, luchando desesperadamente por la supervivencia de su hijo de **26 años** con **retraso madurativo**.
La voz de **Pablo** se quiebra al relatar su dramática situación: “Mi nombre es Pablo, tengo un hijo de 26 años que tiene retraso madurativo, y no cuento con un trabajo que me permita darle lo que necesita”. La precaria estabilidad que tenía se desvaneció cuando la obra en la que se desempeñaba se paralizó, dejándolo sin empleo y sin la posibilidad de cubrir las necesidades más básicas para su hijo.
El Impacto Devastador de la Paralización Laboral
El cese de su actividad laboral significó un golpe mortal para su economía familiar. “Yo tenía un trabajo en una obra, pero se frenó y me quedé sin poder trabajar. Gracias a eso podía comprarle su leche todos los días, darle de comer, vestirlo, pero hoy es imposible”, explica, evidenciando cómo la falta de oportunidades laborales en la región lo ha llevado a un callejón sin salida.
Una Lucha por lo Básico: Sin Zapatillas, Sin Abrigo, Sin Alimento
La precariedad es total. Su hijo, quien requiere cuidados especiales, carece de elementos esenciales para el día a día:
- Tiene un solo par de zapatillas, completamente rotas.
- No cuenta con sábanas ni frazadas, a pesar de necesitar recambios frecuentes debido a sus necesidades.
- La alimentación es crítica: “Tengo para cocinarle **dos días más**, y de su leche —que toma **tres veces al día**— ya casi no tengo”, advierte, poniendo en riesgo el bienestar inmediato del joven.
**Pablo** y su hijo están solos, sin una red de contención familiar que los asista en este difícil momento.
El Grito de un Padre: “No Me Siento un Padre al Verlo Así”
La impotencia y el dolor son palpables en cada palabra de **Pablo**, quien confiesa el profundo impacto emocional de esta situación. “Cuando veo sus zapatillas, su ropa, se me caen las lágrimas. Yo no me siento un padre al verlo así como está”, declara, reflejando el desgarro de un progenitor que no puede proveer lo mínimo a su hijo.
Un Pedido Digno: Trabajo, No Caridad
A pesar de la desesperación, **Pablo** no busca limosnas. Su pedido es claro, digno y urgente: una oportunidad de trabajo. “Yo aprendí a ganarme las cosas solo, no quiero que me regalen nada, sino ganármelo con trabajo. Lo que quiero es trabajar a cambio de lo que él está necesitando”, enfatiza, mostrando su entereza y deseo de autosuperación.
Capacidades y Urgencia: Dispuesto a Todo por su Hijo
**Pablo** es un trabajador con experiencia y dispuesto a realizar cualquier tarea para sostener a su hijo. “Soy **oficial pintor**. Sé de **albañilería**, de **plomería**, pero hago cualquier cosa. Llevar una batea, limpiar un patio, lo que sea”, asegura. Su versatilidad y urgencia son extremas, y su única meta es conseguir una oportunidad laboral que le permita recuperar la dignidad y asegurar el futuro de su hijo en medio de la compleja realidad económica de la **Patagonia**.


